27.8.05

Cuidado con las macros ocultas (I)

Anoche volví a ver Tron, la otra vez la vi en el cine, cuando llegó aquí (1982 u 83). Aparte de que en su día fuera un bombazo creativo-tecnológico, hoy ha perdido mucho...
La película es toda ella una exhibición cutre-fostorito-ochentera, como el estilazo geek de los dos programadores:

Ninguno de ellos tendría ningún futuro hoy en día, el primero es demasiado buenecito, con su camisa, su chaqueta y sus gafas de montura dorada. Hoy llevaría vaqueros una camiseta de algún grupo extraño y muchos kilos de más (consecuencia de los ratos interminables empleados en plantar el culo enfrente de la play, la tele, las páginas porno de internet...)
El otro... qué decir, con esa camiseta pegada para no lucir cuerpo de gimnasta hormonado, y esa humedad axilar... entonces el sudor era masculino, símbolo de su dinamismo, hoy le habrían sustituido por algún tipo de afeminado de diseño metrosexual musculoso (¿Van Damme?) con ropa igual de ajustada pero con mucho estilo y sin rastro de sudor.
El vestuario dentro del ordenador resulta bastante cutre, lo que a primera vista parecen armaduras pronto se ve que es tela, y los neones y los colores fosforito restan bastante credibilidad, de modo que en esta escena, en que un programa le dice a otro: "Te voy a reparar los circuitos", cualquiera pensaría que le dice otras cositas

Y desde luego, da aún más que pensar las caras del otro durante la reparación (¿por donde se reparan esos circuitos?):

No es de extrañar que acto seguido se muera sin dar más explicaciones.

Claro que el punto fuerte es Dumont, especie de esfinge-guardián, al que no solo le han puesto sobre la cabeza un enorme falo con lo que parecen garabatos de rotulador sino que encima le encaja mal...

Nadie rechista